miércoles, enero 17, 2007
viernes, enero 12, 2007
miércoles, diciembre 20, 2006
Álbum Familiar.

Registrando los álbumes de mi abuelo encontre esta foto que me pareció la más bonita.
Mi abuelo es el primero de arriba, de izquierda a derecha. Ya no vestia de café, sus padres le habían cumplido una manda a la Virgen del Carmen. Mas o menos al centro está mi bisabuelo, el que viste un terno claro y que tiene un libro en la mano, quizá una biblia, pues lo católico le duró un tiempo solamente hasta que se volvió protestante. Mi bisabuelo también dejó de ser comunista, no por diferencia de opinión, sino porque (creo) sus propios compañeros lo excluyeron del partido por ser evangélico.
Tantas historias que me contó mi abuelo que aun recuerdo: la pampa, su niñez en la oficina salitrera, su casa con piso de tierra pero con vigas de pino oregón (que luego fueron saqueadas cuando la oficina se deshabitó y la gente cesante tuvo que emigrar para buscar otras oportunidades de trabajo). Las reuniones en su casa, de comunistas o borrachos o vecinos o evangélicos u obreros del caliche o todos juntos. En uno de esos carretes nació él.
Me contó que mi bisabuela Leonor estaba embarazada de término y mi bisabuelo llegó con su grupo de amigotes a tomarse unos tragos. Después de un rato de diversión y alcohol, de bromas pesadas y apagadas de tele, los ánimos se empezaron a encender. Paralelo a eso Leonor comenzó con los primeros síntomas de parto. De pronto 2 compadres de la mesa se empezaron a picar. Se sacaron en cara algunas cosas y cada vez se iban volviendo mas ofensivos con la sangre que se les atropellaba en la cabeza. Leonor se ponía cada vez mas nerviosa, pues su dormitorio donde ella estaba recostada con contracciones, daba toda la vista al comedor, donde estaba el grupo de curagüillas.
Repentinamente en medio de la discusión, uno de los amigos de mi bisabuelo saca un enorme cuchillo y apuñala a su oponente. Éste último cae desangrándose bajo el arco de la puerta que dividía el comedor del dormitorio matrimonial, donde por puro susto mi bisabuela estaba dando a luz a su primer hijo hombre. Su esposo y la matrona que llegó después, tuvieron que sumergir sus pies en un charco de sangre para poder tomar a mi abuelo en brazos.
Al poco rato después se supo la noticia en toda la oficina. Había una larga fila que venía a ver al muerto y de pasadita, conocer al recién nacido.
Y pensar que a mi lo mas emocionante que me ha pasado es que no me pusieron anestesia a tiempo al momento de tener a la Paz.
Como viene al caso en esta época navideña, recuerdo que me contó como vivió una navidad allá en el norte. Era una familia muy pobre, de mucho esfuerzo, sin comodidades pero nunca les falto la buena comida. Mi abuelo y sus hermanos estaban ansiosos por la llegada de la navidad y por supuesto la venida del viejo pascuero. Arreglaron la casa y dejaron sus zapatos viejos afuera, en la puerta de la calle. El gordo de rojo debía sacar esos zapatos y poner unos nuevos o dejar algún regalo en ese lugar. Se fueron a dormir con el corazón lleno de esperanza.
Entretanto, mis bisabuelos morían de pena, pues no tenian nada para regalarles a sus hijos. La vida en la salitrera se habia vuelto muy dificil despues de no se qué crisis económica de la época.
Al otro día, los niños se levantaron tempranísimo y fueron a ver sus nuevas adquisiciones navideñas, pero para su mala sorpresa no había en la puerta más que sus roñosos zapatos. Vieron que en las otras puertas de las casas si habían regalos, y no podían explicarse como es que el viejo pascuero pasó por todas las casas de la oficina, menos por la suya, la última casa con vista hacia el amplio desierto. Llamaron a su papá y, muy tristes, le contaron lo que había sucedido.
- ¿Y cómo es el viejo pascuero?- les preguntó el papá.
- Es un señor viejo y gordo que anda con abrigo-le respondieron.
- ahh... ¿un abrigo rojo?
- si papá!! ¿usted lo vio acaso?
- si, claro. Yo venía llegando muy tarde en la noche, y cuando entré a la casa, encontré a ese hombre que ustedes dicen. Como andaba con un saco yo pensé que era un ladrón ¡y lo eché a patadas de la casa!
Los niños sintieron hervir la sangre. -¡pero papá! ¡le pegó al viejo pascuero! ¡cómo se le ocurre!
Mi abuelo dice que el enojo les duró por varios días con su padre. Su padre en cambio prefirió que sus hijos sintieran rabia un tiempo, antes que sus ilusiones se deshicieran y les afectara en su propia autoestima. Yo habría hecho lo mismo.
Mi abuelo es el primero de arriba, de izquierda a derecha. Ya no vestia de café, sus padres le habían cumplido una manda a la Virgen del Carmen. Mas o menos al centro está mi bisabuelo, el que viste un terno claro y que tiene un libro en la mano, quizá una biblia, pues lo católico le duró un tiempo solamente hasta que se volvió protestante. Mi bisabuelo también dejó de ser comunista, no por diferencia de opinión, sino porque (creo) sus propios compañeros lo excluyeron del partido por ser evangélico.
Tantas historias que me contó mi abuelo que aun recuerdo: la pampa, su niñez en la oficina salitrera, su casa con piso de tierra pero con vigas de pino oregón (que luego fueron saqueadas cuando la oficina se deshabitó y la gente cesante tuvo que emigrar para buscar otras oportunidades de trabajo). Las reuniones en su casa, de comunistas o borrachos o vecinos o evangélicos u obreros del caliche o todos juntos. En uno de esos carretes nació él.
Me contó que mi bisabuela Leonor estaba embarazada de término y mi bisabuelo llegó con su grupo de amigotes a tomarse unos tragos. Después de un rato de diversión y alcohol, de bromas pesadas y apagadas de tele, los ánimos se empezaron a encender. Paralelo a eso Leonor comenzó con los primeros síntomas de parto. De pronto 2 compadres de la mesa se empezaron a picar. Se sacaron en cara algunas cosas y cada vez se iban volviendo mas ofensivos con la sangre que se les atropellaba en la cabeza. Leonor se ponía cada vez mas nerviosa, pues su dormitorio donde ella estaba recostada con contracciones, daba toda la vista al comedor, donde estaba el grupo de curagüillas.
Repentinamente en medio de la discusión, uno de los amigos de mi bisabuelo saca un enorme cuchillo y apuñala a su oponente. Éste último cae desangrándose bajo el arco de la puerta que dividía el comedor del dormitorio matrimonial, donde por puro susto mi bisabuela estaba dando a luz a su primer hijo hombre. Su esposo y la matrona que llegó después, tuvieron que sumergir sus pies en un charco de sangre para poder tomar a mi abuelo en brazos.
Al poco rato después se supo la noticia en toda la oficina. Había una larga fila que venía a ver al muerto y de pasadita, conocer al recién nacido.
Y pensar que a mi lo mas emocionante que me ha pasado es que no me pusieron anestesia a tiempo al momento de tener a la Paz.
Como viene al caso en esta época navideña, recuerdo que me contó como vivió una navidad allá en el norte. Era una familia muy pobre, de mucho esfuerzo, sin comodidades pero nunca les falto la buena comida. Mi abuelo y sus hermanos estaban ansiosos por la llegada de la navidad y por supuesto la venida del viejo pascuero. Arreglaron la casa y dejaron sus zapatos viejos afuera, en la puerta de la calle. El gordo de rojo debía sacar esos zapatos y poner unos nuevos o dejar algún regalo en ese lugar. Se fueron a dormir con el corazón lleno de esperanza.
Entretanto, mis bisabuelos morían de pena, pues no tenian nada para regalarles a sus hijos. La vida en la salitrera se habia vuelto muy dificil despues de no se qué crisis económica de la época.
Al otro día, los niños se levantaron tempranísimo y fueron a ver sus nuevas adquisiciones navideñas, pero para su mala sorpresa no había en la puerta más que sus roñosos zapatos. Vieron que en las otras puertas de las casas si habían regalos, y no podían explicarse como es que el viejo pascuero pasó por todas las casas de la oficina, menos por la suya, la última casa con vista hacia el amplio desierto. Llamaron a su papá y, muy tristes, le contaron lo que había sucedido.
- ¿Y cómo es el viejo pascuero?- les preguntó el papá.
- Es un señor viejo y gordo que anda con abrigo-le respondieron.
- ahh... ¿un abrigo rojo?
- si papá!! ¿usted lo vio acaso?
- si, claro. Yo venía llegando muy tarde en la noche, y cuando entré a la casa, encontré a ese hombre que ustedes dicen. Como andaba con un saco yo pensé que era un ladrón ¡y lo eché a patadas de la casa!
Los niños sintieron hervir la sangre. -¡pero papá! ¡le pegó al viejo pascuero! ¡cómo se le ocurre!
Mi abuelo dice que el enojo les duró por varios días con su padre. Su padre en cambio prefirió que sus hijos sintieran rabia un tiempo, antes que sus ilusiones se deshicieran y les afectara en su propia autoestima. Yo habría hecho lo mismo.
La vida es bella... y si no lo es, debemos hacer creer a nuestros hijos que si lo es.
-me acordé de esa película.-
-me acordé de esa película.-
"oro, salitre y carbón... y arriba quemando el sol." Violeta Parra.
escucharon hoy: Erik Satie - Gymnopedie Nº 1 y Nº2 (orquestadas por Debussy, mis compositores favoritos)
miércoles, noviembre 08, 2006
Sabe Dios cuánto te quiero y cuánto le hablo de tí

Todavía me acuerdo cuando llegó, con su traje de lana tejido a rayas por su tía Wayita. Era un día terrible, con mucho viento y una lluvia que pegaba de lado y hasta por debajo del paraguas. Se contrastaba con el intenso calor que había dentro, de pronto me ahogaba, transpiraba, le quitaba la ropa, la acostaba sola para no sofocarme más. Su abuelo nos trajo a la casa, y antes de bajarnos del auto luego sacó una cajita con forma de conejito blanco donde esperaban un par de aros de oro para situarse en sus pequeños lóbulos.
Era tranquila y silenciosa, su nombre definitivamente era una profecía. Mi casa sentía una quietud distinta que se alternaba con los momentos en que el mayor reía y canturreaba, cuando veía sus programas de televisión, cuando retumbaba aquella tos creciente dentro de ese pecho de niño, que llegó para quedarse.
Viernes en la noche y comienza la pesadilla cuando sólo tenía 15 días.
Se resfría, estornuda, tose. La cuido.
Sábado nuevamente tose. La abrigo.
La madrugada del domingo me invadía la pena, el cansancio y el miedo al saber que su fragilidad corría peligro. Quise darle leche pero me rechazó. No quería probar mi pecho. En ese momento supe que era grave y le abrí su ropa: sus costillas se encojían como queriendo aspirar todo el oxígeno del planeta en una sola inhalación.
Lo desperté llorando, le dije que era urgente, que al otro día la llevaría donde el doctor con o sin él, que fuese a terminar su trabajo de titulación si quiere pero alguien tenía que atenderla y que yo no me quedaría tranquila si no fuera así. Me abrazó, me hizo cariño.
Quise dormir pero las lágrimas me despertaban en un interminable goteo.
Así fue como al otro día fui a parar al Hospital de Niños, como a las 3 de la tarde. Mi mamá me acompañó para que no me diera ningún ataque de histeria supongo... las veces anteriores que había ido me atendieron pésimo y sólo porque me puse a llorar con escándalo me tomaron un poco en cuenta, sin embargo fueron muy malas experiencias las que tuve que pasar con su hermano mayor. El doctor que la atendio me explicó que no habia sido por el frio de julio, sino por contagio: claro, esa tos había embarcado en el Jardín de Niños por su hermano y nos había atacado a todos... venía camuflada. El diagnóstico: Bronconeumonia por Virus Respiratorio Sincicial. Justo a ella, por ser tan pequeña e indefensa, el virus se fue directo a su pulmón, que se había inflamado tanto hasta faltarle el oxígeno y causarle dolor.
Me llamó. Me pidió un número telefónico. Le dije: la bebé está enferma, la hospitalizarán al menos 3 días. Si hubiera sabido que estaría una semana completa me habría dado el berrinche ahí mismo.
Me expulsaron de la sala y como sabía que ella sufría ahi dentro con esos exámenes despiadados me dediqué a observar recién el resto del hospital: una mamá lloriqueaba al lado de su hija pequeña y le decía "¡tienes que avisar por favor! tienes que hacer en este frasco o te van a meter una manguera por la vagina", me puse a llorar. Otra mamá andaba sola con su bebé, su bolso y otras cuestiones, la llaman, y por apurarse su bebé cae de cabeza al suelo. Despues de unos segundos de una amnea que parecía interminable el niño llora desgarradamente. La madre lo recoje y le dice a la enfermera " !señora! mi hijo se acaba de caer, se pegó en la cabeza". La enfermera le responde "¿y qué quiere que haga yo? si usted ya lo recogió". En ese momento me desesperé. Me levanté de la banca a echarle un par de garabatos a la tipa, pero se entró a su box y me tuve que tragar la rabia que se transformó en impotencia, quería pegarle a todo el mundo, agarrar algo a patadas, mechonear a la enfermera, sacar a mi hija de su tortura y llevármela a la casa, abrazarla fuerte en mi pecho y sanarla de puro amor... pero en un segundo de conciencia me di cuenta que no podía hacer nada de eso y que debía calmarme pues pasaría largo tiempo allí y más me convenía hacerme la amable para que me dejaran pasar a verla a su cunita transparente cada vez que yo quisiera. Creo que dió resultado.
Y llegaron más tarde mis papás. Mi mamá me había comprado mis galletas favoritas y una botella de néctar para endulzar la amargura del día.
Fuí a su sala de hospitalización. La encontré tranquilita mirando a la puerta, como si me estuviera esperando. Tenía una vía en el bracito por donde le proporcionaban suero y antibióticos, por lo mismo sólo vestía una manga de la ropa. Estaba semidesnuda y precisamente en esos días se desataba una onda polar en la capital, en algunas partes incluso nevó. En la nariz tenia unas sondas pegadas a la cara que le irritaban su piel lisa y nueva, necesitaba del oxígeno para poder respirar. Me dió mucha pena, no podía dejar de culparme, me horrorizaba recordar que el maldito Sincicial se apoderó de ella y podría causarle irreparables daños, incluso la muerte. Me di vuelta para seguir llorando, es que las madres no lloran frente a sus hijos, y ahi lo ví: lo estaban echando porque no había ninguna Paula Molina en esa sala... obvio, yo no era niña ni enferma, él en realidad estaba preguntando por ella. Entonces me acerqué, me abrazó, me besó, me consolaba con sus palabras y me preguntó por ella. Fué eso que me mantuvo en pie toda la semana que ella estuvo ahí, pues cada vez que terminaba una visita, muy tarde en la noche, él me refugiaba en sus brazos, me dejaba llorar y mojarle su camisa con mis lágrimas, dejaba que me desmoronara sobre él y aguantaba mis sollozos mientras se quedaba dormido en la cama. Él sentía casi lo mismo que yo, pero su condición de hombre le exigía hacerse el fuerte y jurarme que ella estaría bien antes de lo que imaginaba.
Fueron días atroces, estresantes, tristes. La vida familiar se había disuelto. Yo me levantaba muy temprano, salía de mi casa a las 6 de la mañana con mi mamá que me llevaba al hospital. Ahi estaba todo el día con mi bebé, a ratos la alimentaba, le hablaba, la mudaba y la vestía. Pero varias veces tenía que salir para que la examinaran o le hicieran kinesioterapia, en todo caso es mejor que no la haya visto, dicen que es terrible. Les aplastan las costillas desde el centro hasta que ya casi quedan sin aliento, en ese momento los sueltan y echan fuera un grito desde el fondo de su alma que los médicos aprovechan para meter una espátula por la garganta y sacarles las flemas acumuladas. En esos ratos yo hacía hora en el hospital, llevaba mis lanas y tejía, lo recorria hasta aprenderme el laberinto que era, me metía a las zonas prohibidas y revisaba los detalles de los dibujos que hicieron los niños en las paredes. Otras veces iba donde mi tía a desayunar, almorzar y tomar once, que afortunadamente vive cerca, en la misma calle. Mientras tanto mi hijo mayor se iba al jardín y en la tarde se andaba paseando por distintas casas de quien pudiese cuidarlo, se que no le falto amor en esos días, pero si se que le faltaba su mamá. Yo salía del hospital a las 12:30 de la noche más o menos, mi esposo que trabajaba todo el día me iba a buscar y nos íbamos a la casa: ahi encontraba a mi niño, durmiendo ya, en la cama de sus abuelos. Al otro dia la misma cosa, 6 am y lo dejaba durmiendo otra vez. Yo al menos lo veía, pero sufría con la idea de que él me extrañaba.
El día miércoles en la noche la dejé mal. Me fuí con un presentimiento tormentoso. La había estado mirando en su cunita mientras tosía, de pronto era mucho, no paraba, se desesperaba. La tomaba en mis brazos frente a mí hasta que se calmaba un poco y podía respirar, estaba muy obstruida. En una ocasión fué mucho y pedí ayuda. Me sacaron de un manotazo de su lado y me echaron de la sala. Lloré ahi como ningún otro día, no quería irme. Me encontré con la mamá de un niñito de la sala contigua a la de mi hija y me fue a conversar, su hijo tenía 9 meses y la esperaba sentado todos los dias mirando hacia afuera. Me contó que tenía un pulmon muy dañado y otro muy disminuido, y al próximo día le harían una evaluación a ver si podía seguir viviendo asi. Se me acabó el llanto y la miré con los ojos mas grandes que he abierto. Así nos desahogamos y calmamos un poco la pena juntas. Al otro día llevaron al niño a una operación. No supe mas de ella ni de su hijo.
A veces he vuelto a conversar de esto y una vez dije: "yo creí que se iba a morir". Todos se callaron y los distraídos me miraron sobresaltados. Estaba casi resignada a dejarla ir, casi acepté la idea de que así podía ser, casi me rendí pensando que era soberana voluntad de Dios y punto. Pero en uno de esos momentos de patudez que me dan ocasionalmente miré al techo de mi dormitorio entre buscando consuelo y desafiando, y le reclamé cómo era posible que se le haya ocurrido ponerme un bebé en la panza para quitármelo 20 días despues de haber nacido, en qué momento me dejó alimentar ilusiones para sacarmelas de golpe, cómo es que permitió que junto con ella naciera un sentimiento hermoso y que si ella no estaba, ese sentimiento igual se quedaría en mi corazón y su ausencia se notaría el resto de mi vida... ¡¿como no pensó en eso?!
Después de mucho tiempo de no dirigirle la palabra me respondió por puro amor... o para que lo dejara de joder esta cabrita insolente, da lo mismo. La cosa es que le devolvió la vida y a mí la fe y luego de esa noche de miércoles que su salud ha ido mejorando, su cuerpo no tiene secuelas y cada día se vuelve mas bella. "Sobre su cabeza hay una mano especial" dice alguien por ahi...
(escucharon hoy: Yann Tiersen - Comptine d'un autre ete l'ap)
viernes, octubre 27, 2006
jueves, octubre 19, 2006
martes, octubre 17, 2006
Oh mi bien! cree en el Final Feliz

Mi blog lleva ese nombre por varias razones. Mientras leen me gustaria que escucharan esto:
Esta canción es una de mis favoritas. Una de las que tenemos impregnadas en el cuerpo él y yo.
Debe ser porque, aunque está en portugues, la letra identifica claramente por lo que hemos pasado.
¿Cuántos de ustedes conocen de mi vida hace unos 4 años? si alguien no lo sabe no puede imaginar como me sentia en ese momento. Mi vida que iba en ascenso de pronto se derrumba, no precisamente por un embarazo, sino por un cahuín que lo acompañaba. Casi me moria al ver todo lo que estaba pasando ante mis ojos, personas a quienes yo queria mucho me habian sorprendido con su filosas palabras y una persona en particular, cierta "amiga", me habia rociado combustible y me prendió fuego estando yo viva.
Y el resultado de aquella espiritual incineración fue la pérdida total de relación y confianza entre los padres de Benjamín... un niñito que creo que ustedes ya ubican. Pero a ese niñito no le importó la situacion y siguió creciendo dentro de mi. Me pateaba un dia, al otro me hacia vomitar, se iba haciendo espacio en mi vientre... conociendolo, más de algo habra movido alla adentro. La gente lo empezaba a notar: mis compañeros, mis profesores; algunos me preguntaban como me sentía, otros me ayudaban a llevar mi saxo, pero seguramente nadie se metia dentro de los límites que yo habia puesto, nadie comentaba sobre mi vida ultra privada porque yo no la comentaba. Ademas todos mis compañeros eran hombres, asi que no habia copuchenteos ni frases desubicadas porque a ellos no les interesan las relaciones amorosas de otra gente, ellos son distintos para hablar de eso: por ejemplo las mujeres nos juntamos a conversar y cada una habla de su pareja todo el rato, "que es lindo, que lo amo, que me encanta, que me regalo esto y lo otro". Sin embargo ellos se juntan y hablan de todas las mujeres menos de la suya.
Por ese lado estaba en total tranquilidad. La tristeza se sentia en la mañana, cuando despertaba sola en la casa, con la guata un poco mas grande cada dia.
Pase mi embarazo triste y bajo presión... presión social mas que nada. Él también sentía presión, pero la suya era distinta creo yo. Incluso me sentia asi después del parto, ahi había algo pendiente que todos estabamos ansiosos por terminar luego, lo antes posible.
[Quiza deba saltarme un par de meses, este blog es público y puede ser manoseado de forma grotesca]
Un día, despues de una conversación se definió el futuro del niñito de las patadas.
Y asi pasaba el tiempo, él y yo nos preparábamos, cada uno con 18 años acabando recien de ser niños para ser rápidamente adultos.
Él con sus proyectos, yo con los mios.
Él con su banda, yo con la mia.
Él con su vida y yo con la mia, viendo crecer una nueva.
De a poco, por esas razones locas, por esas vueltas de la vida fué que nos encontramos en el mismo rubro: guitarra y saxofon tocando ska, el ritmo celestino. Y asi tocando juntos y revueltos nos atrevimos a abrir nuevamente las puertas de la confianza para el otro. ¡Qué difícil es hacer eso despues de estar cerradas tanto tiempo! tan deterioradas, casi no lo logro... pero era la decisión que definiría el resto de mi vida. Finalmente cerré mis ojos y confié en él... ¿qué? ¿como? por supuesto que tuve miedo! habia sufrido tanto, no queria llorar nunca mas.
Salíamos, reíamos, conversabamos ignorando aquel asunto que nos habia separado, asunto que sería el motivo de re-unión para nuestras almas heridas.
Entonces, entre padres y músicos, opuestos y complementarios surge nuevamente aquello... eso, como se llama eso que se me olvida, eso que entorpece a la gente, eso que pone una sonrisa sin motivo en el rostro, eso que no sentiamos en tanto tiempo, eso que quisimos encontrar en otras personas sin ningun resultado... como se llama eso!... a... am... amrr... no puedo recordarlo, soy demasiado torpe y esta sonrisa no deja que me concentre.
(escucharon hoy: Alexandre Pires y Caetano Veloso - Final Feliz)
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